El sonido de tus labios succionando ha dado paso al sonido de
los besos y las caricias.
A noches de cuentos y confidencias.
A decirnos con palabras todos los te quiero que antes nos decíamos
con miradas cómplices mientras te
aferrabas a mi pezón.
Mis pechos te han proporcionado durante más de tres años
alimento, calor, consuelo, placer, tranquilidad…
Ahora lo harán mis manos, mis brazos, mi voz.
Poco a poco voy
abandonando la culpa, voy superando que apenas comas cuando caes enferma, que no sea mi teta la que
te duerma de noche o que busques el abrazo de papi cuando te caes.
Gracias por haberme enseñado que querer es poder y por
haberme permitido compartir estos maravillosos momentos junto a ti.




